El verdadero valor de las cosas

Hace unas cuantas semanas reclamó mi presencia una persona muy apreciada para mí. Es el tipo de persona que valoro, admiro y con la que quiero compartir el resto de mis días. A pesar de su posición, estatus y gran inteligencia para salir de las peores situaciones, para mí, lo más grande son sus valores y su gran corazón.

Para preservar la identidad de los dos protagonistas les llamaremos, a él Ricardo y a su padre Valentín.

Cuando Ricardo me llamó no dude ni un instante en acudir a su encuentro.

Hacia unos meses que había fallecido su padre, Valentín, al que yo adoraba y por el que he llorado su falta en más de una ocasión.

Pasado un tiempo prudencial de la muerte de Valentín, le solicité a Ricardo que por favor me consiguiera algún detalle de recuerdo de su padre que tuviera valor sentimental, a ser posible relacionado con el mundo de la escritura, puesto que era una pasión que compartíamos y comentábamos los dos con mucha excitación.

Cuando entré, lo último que me esperaba, era que iba a recibir lo solicitado hace unos meses y, fue en ese mismo momento,  cuando me hizo entrega de lo que había decidido que fuera para mí. Cuando lo sostuve en mis manos no pude por menos que soltar unas cuantas lagrimillas, por más que intenté aguantármelas se empeñaron en salir haciendo que se me erizara toda la piel,  y con la cara encharcada en lágrimas,  me quedé sin saber que decir ni que hacer.

Cualquiera que recibiera un portalápices con unas frases de periódico en sus laterales pensaría que era una tontería sin valor.

Para mí, el significado era muy diferente, significaba su compañía, protección, el honor de tener algo suyo que siempre estuvo a su lado en su despacho y ahora iba a estar en el mío. Tener una pertenencia donde reposaban sus lápices, con los que conseguía esos escritos tan especiales y sencillos que parecía hacerlos con la misma facilidad con la que sale el agua al abrir el grifo.

Me pasaban por la mente un montón de imágenes, como por ejemplo, que desde ese momento y en el mismo sitio iban a reposar mis lápices y bolígrafos. Confiaba y deseaba me llegara su energía para poder transmitir como lo hacía el. Dios mío, mis bolis iban a estar en el mismo sitio que los suyos. Ese es el valor. Va a ser mi compañero de por vida y fuente de mi inspiración, porque no es un portalápices cualquiera, es el portalápices de Valentín, de mi Valentín del alma. De esta manera siempre vamos a estar juntos en los momentos de escritura que eran tan especiales para los dos.

Me parece estar todavía reposando con mi cabeza en su torso, mientras me daba un beso en mi cocorota acompañado por un abrazo con un cariño y un amor con una intensidad como sólo él era capaz de hacer.

Valentín has sido,  eres y serás muy especial para mí, sé que siempre estarás presente en mi vida, con tus libros, artículos y ahora mi portalápices donde tengo el honor de poner los míos.

Mi niño de 6 años, al que se le ha quedado grabado que una vez su mama lloró, le decía mientras contemplaba una foto suya:

  • Muy mal, muy mal porque has dejado sola a mi mamá.

Te quiero donde quiera que estés y aunque te echo muchísimo de menos, siempre estarás conmigo de alguna manera y ahora más.

Eres muy especial con un corazón que nunca lo ha habido ni lo habrá.

Resuenan en mi cabeza muchas veces esas risas que nos echábamos juntos, esa carcajada sonora que te producían mis ocurrencias combinadas con tu sapiencia. Esa complicidad, esa carantoña, y como me decías tú:

“Cosita hace mucho que no hablamos pero nos queremos con los ojos”.

Pues eso, yo te quiero con los ojos y con todo mi ser.

Para finalizar os dejo el texto con el que acompañó Ricardo la entrega del presente:

Querida Belén:

En este portalápices reposa la tinta de muchos de los artículos que Valentín escribió a lo largo de su última etapa.

Es un recuerdo marcado en la retina de todos los que entrabamos en su despacho. En el pegaba y despegaba frases conocidas que por alguna razón dejaban un mensaje a cualquiera que las leyéramos. Que yo recuerde, una era fija:

“La rutina transforma a los vendedores en burócratas, mientras la venta es una lucha que cada día debe renovarse” (V. Roselli).

Belén, sigue escribiendo y observa lo que está a tu alrededor, más tarde, cuando quieras escribirlo, mira este portalápices y recuerda lo mucho que te quería Valentín. Estoy seguro que de esta forma encontrarás la inspiración que buscas y además tendrás cerca a alguien que te admiraba y te animaba a seguir avanzando.

Madrid, 25 de Julio de 2014

Ricardo.

 

2017-11-09T12:09:53+00:00

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