Las habichuelas mágicas-Mi versión infantil-

Hace mucho pero que mucho tiempo, en un país lejano, vivía un niño con su madre. Julianin, que así se llamaba, era un niño muy humilde y trabajador que adoraba a su madre, además, desde que su padre murió, se las tenía que arreglar para conseguir algo que llevarse los dos a la boca.
Su madre estaba muy delicada de salud y, dependía de la habilidad de su hijo para subsistir, pues estaban viviendo en la más absoluta pobreza.
Un día más, tuvo que salir para buscarse la forma de conseguir sustento y, su madre le dio lo único que les quedaba, su vaca Desirée.
A Julianin se le saltaron las lágrimas cuando emprendió camino con Desirée, con ella había compartido toda su existencia aunque, como era muy maduro para su edad, enseguida asumió la situación.
Paseando por el pueblo con Desirée, iba buscando la forma de poder conseguir a cambio dinero ó comida, de pronto, se cruzó con un desconocido de ropa raída y con bastante suciedad, este individuo le ofreció una bolsa que le aseguró que contenía habichuelas mágicas. Al no tener más ofertas aquel día confió completamente en este individuo y aceptó el cambio.
De regreso a casa, pensando continuamente si había hecho lo correcto, vio a lo lejos un animalito iluminado que le llamó la atención, al principio pensó que era una luciérnaga, y según se acercó vio que era un camaleón brillante y, como si se conocieran de toda la vida el animal se subió a su hombro y le acompañó hasta casa.
Entró en casa y su madre le estaba esperando para poder hacer la comida pero, cuando le contó lo sucedido, ella no pudo parar de llorar, se sentía completamente engañada y no entendía como su hijo había podido caer en esa trampa.
-¿Julianin que vamos a hacer ahora? –preguntó.
-¿De dónde vamos a sacar para comer y vivir?-corriendo hacía su lecho.
-¡Dios mío!-sollozó, mientras abrazaba la almohada.
Presa de la rabia lanzó la bolsa por la ventana y pasó la noche llorando y rezando,  pensando cual sería el destino de los dos.
A la mañana siguiente, antes de que su madre se despertara, Julianin salió de casa a ver si encontraba una solución y, cuál no sería su sorpresa que al salir, vio una rama tan alta que se perdía entre las nubes.
Julianin, no se lo pensó dos veces y subió a ver que podía encontrar, acompañado de su nueva mascota, que se convirtió en su sombra.
Cuando subió vio a lo lejos un gran castillo, dentro estaba un ser enorme y horroroso que tenía dos cabezas y solamente un ojo en cada una de ellas, estaba en ese momento con una especie de serpiente de dos cabezas también, parecía hecha a su imagen y semejanza, estaba hablando con ella y vio que ponía unos huevos que eran de oro, Julianin esperó a que se durmiera el dueño y salió corriendo con la serpiente de dos cabezas.
Su madre al verla se horrorizó pero, enseguida descubrió que a pesar de su aspecto, era un ser muy simpático y colaborador, todas las mañanas puntualmente ponía un huevo de oro con el que tenían solucionado la comida para ese día. Así estuvieron una larga temporada hasta que la serpiente murió.
Julianin volvió a subir y vio que el monstruo de dos cabezas estaba contando las monedas que sacaba de una bolsa y Julianin hizo la misma operación, esperó escondido a que se durmiera y le robo la bolsa, su madre y él estuvieron felices hasta que se les acabaron de nuevo las monedas.
Julianin subió por tercera vez, descubrió que el gigante estaba sacando monedas de una caja y que cada vez que la golpeaba caía una moneda. También tenía al lado un violín que tocaba sólo, tocaba una música tan relajante que le hacía cerrar los ojos.
Julianin al contemplar esa escena se enterneció y pensó que no podía ser tan horripilante por dentro como era por fuera e intentó hablar con él:
-Sr. Gigante ¿puedo hablar con usted?- susurró.
El gigante intentó abrir los ojos aunque pensó que lo estaba soñando y volvió a cerrarlos.
-Sr. Giganteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee , estoy aquiiiiii.
El gigante se incorporó de un salto haciendo retumbar todo el castillo:
-Maldita sea, tu eres el bribón que me robas todas mis cosas-lamentándose.
-Esta caja y mi violín no te los llevarás-afirmó el gigante.
-Como te coja te vas a enterar-gritó, mientras empezó a correr detrás de Julianin.
Julianin se escondió en un agujero de la pared, allí estaba a salvo porque el gigante no podía llegar y aprovechó la ocasión para intentar ablandarle el corazón.
Empezó a contarle todo lo sucedido y, de pronto, Julianin empezó prácticamente a nadar por la habitación, en cuanto pudo se agarró a una pata de la mesa, observó que era el gigante que tenía los ojos inundados en lágrimas.
-Lo había conseguido, había conseguido llegar al interior del gigante-pensó, mientras sonreía.
El gigante le cogió entre sus dedos y le pidió por favor que se llevara el violín y la caja con monedas porque las necesitaba más que él.
Desde entonces forjaron una gran amistad y el gigante cada vez que necesitaba algo bajaba a la cabaña de Julianin y aprovechaban a contarse cosas de sus vidas.

Una tarde en plena conversación recordando a Desirée, le parecía a Julianin su recuerdo tan real como si la tuviera cerca, hasta que notó un lengüetazo en su moflete derecho, cuando se giró y la vio se abrazó a ella como si no quisiera soltarla más. Ahora sí que estaba la familia al completo.
Julianin y su madre vivieron felices para siempre y sin preocupaciones, tranquilos porque nunca les iba a faltar nada, además aprendió dos cosas, que casi se queda sin nada por querer quitarle todo al gigante y que se consiguen muchas más cosas con amor y comprensión que a la fuerza ó con engaños.

 

2017-11-09T12:09:52+00:00

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