Pepe, Pepa y su actitud

Este año he elegido Almería como destino para mis vacaciones estivales, he podido disfrutar además de lo que vamos buscando todos (playa, sol, relax, etc…), la diferencia de actitud entre unas personas y otras.

En el hotel donde estuve, había mucho personal: camareros, recepcionistas, limpieza, socorristas, animadores y un montón de puestos más. Los que llamaron mi atención, sobre todo, fueron el metre y la chica que daba las citas en el Spa, aunque el equipo de animación tampoco tenía desperdicio.

Iba en régimen de todo incluido y, para poder hacer uso del mismo, había que presentar la tarjeta en todos los sitios, esta misma tarjeta era la llave de entrada a la habitación.

Cada vez que haces uso del restaurante, Pepe que es el metre, te hace pasar la tarjeta de acceso al mismo, hasta aquí sería lo normal, lo extraordinario es que se la hace pasar al benjamín de cada familia, según entras le dice:
• Venga prenda que te toca currar o Venga monsieur a trabajar.

Tenía preparada una caja de botellas, a modo de alzador, para hacer subir a la criatura y que pudiera llegar al ordenador para hacer la transacción, siempre con un humor y una guasa “que no se pue aguanta”.

Ni que decir tiene que el afortunado se sentía especial y protagonista, aunque eran unos segundos de gloria, les iluminaba la sonrisa y les hacía empezar el día con buen pie y con ganas de volver. Esto se repetía durante toda la estancia y las tres visitas al día que se hacían al restaurante.

Otro día nos encontramos con gran desilusión, sobre todo para mis niños, que Pepe no estaba, pero, de pronto, le vimos acompañando a las familias a la mesa que les tenía preparada, en esta ocasión, cogía al más cercano a la adolescencia, y le acompañaba con los brazos entrelazados en jarra y a saltitos hacía la mesa asignada para ese día.

Y así día tras día, te iba sorprendiendo con alguna cosa que te hacía sonreír y pasar un rato agradable.

Por otro lado, por ser clientes repetidores de esta cadena, tuvimos el honor de recibir como regalo una visita gratuita al Spa.

Fueron cerca de dos horas maravillosas y, que dicho sea de paso, me vinieron genial para el dichoso e inoportuno lumbago que padecía en esos días.

Pepa, que era la chica que daba las citas y controlaba todo el espacio, te daba opciones y alternativas con una sonrisa y unas ganas de agradar que te hacían sentir genial.

Todo esto me hizo pensar la diferencia de actitud que hay entre unas personas y otras, lo lógico es que si tienes que estar muchas horas en el trabajo, que mejor que con buen humor para que te sea más ameno y, al mismo tiempo, les puedas dar alegría y “vidilla” a los demás.

Mis niños seguro que siempre se acordaran y nosotros también. Espero encontrarme a muchos Pepes y Pepas en mi vida y, al mismo tiempo, ser Pepe y Pepa para mucha gente también.

Ahora solo me queda añadir:

• “VIVA EL PEPE” y, como no, “VIVA LA PEPA”.

2017-11-09T12:09:52+00:00

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